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sábado, 16 de mayo de 2015

Dos Poemas Inéditos de José Ramón Mercado*

                                                          


ODA A JORGE GARCIA USTA

                                            «También se muere el mar»
                                                                            Federico García Lorca

I

No nos veíamos en la ciudad antigua
De pura jaiba nos encontrábamos
A veces
Sabía que andaba ganándose el pan
Duro
Con la gota de tinta clara
Y la hoja de papel en blanco
Haber sabido la sentencia a tiempo
-De su muerte-
Hubiera sido mejor el tono y la luz
El hilo de la voz que respiraba la herida

II

La ciudad de aire envejecido y señas
Mustias
Y de soles insepultos
Se prestaba para algunos sueños
Y otros vinos
Ambos andábamos por otros caminos
-La vida es así-
Él debe andar ahora por otras regiones
Inasibles
No he vuelto a verlo con su talega de lona
Llena de poesía y sana prudencia
De humos claros como sueños
Doblando las esquinas de la ciudad
Que amaba

III

De él nos queda su alma clara y la poesía
Así como la luz amada y el Rocío perenne
Su voz anclada iluminada en el tiempo

Cartagena, 25 de diciembre de 2010
        


ELEGÍA A DON JORGE GARCÍA USTA

«Jorge García Usta, era de Ciénaga de Oro.
 Ahora es del mundo y de todos»
                                                                            J. R. M



                                                       


I

La ciudad quedó muda de su palabra viajera
Las calles antiguas  el horizonte de pájaros
Siempre iba de prisa  su palabra nueva
La barba elocuente y la sonrisa leve
Los espejuelos dementes  quemados
Y su bolsa de tela cruda
Sus pasos en la acera de piedra cortada
Y los pertrechos diarios
El sudor de la frente atardecida
La hoja de papel en blanco
Y el poema en vilo

II

No sabía la sentencia del tiempo
El hilo de la voz  la tarde farragosa
La respiración del mar de fondo
Nada se pudo entre la utilería
De los hospitales de tierra y mar
Entre enfermos moribundos
Y praderas de algodón y lluvias
De remedios de última gama

III

La ciudad cosecha aún su aire envejecido
Los sueños ahorcados
Los vinos nocturnos  las palabras muertas
La poesía en los légamos del mundo errante
La fatiga de los días presurosos  inseguros
Las talanqueras de los sueños truncados
El poema impreciso  el humo de las tardes
Las ciénagas de oro  el monte adentro
Otras orillas  el humor cruzando los semáforos
El rumor de la poesía el rocío de otros  labios
Los ojales de las camisas a cuadros informales
La voz anclada en los cinematógrafos
Y el caudal iluminado del tiempo que huye


*Uno de los poetas más consagrados del Caribe
 colombiano y ampliamente reconocido del país.

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