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martes, 8 de mayo de 2012

TALLER LITERARIO




EL ESCRITOR EN LA ALBARRADA

Elucubraciones sobre la obra de Miguel Facio Lince 

Por Gilberto García M


Director Clan de Los Alucinados


Querida *Moraima,
Cuando el Maestro Joce Daniels me dijo que leyera a Miguel Facio, no pensé que su literatura me sedujera tanto como para dedicarle un libro en donde la única pretensión sería rescatar su obra para que el país y el mundo conozcan las calidades de este escritor y poeta. Me lo propuse día a día, y en aquellos momentos en donde la mente y el reláx permitieran seguir avanzando, y escudriñando en la obra de Miguel Facio. De tal manera que la disposición se convirtió en un reto, pero cosa extraña, cada vez que llegaba al apartamento algo me impulsaba a compenetrarme más con el olvidado escritor. Tan es así, que todavía siento esa disponibilidad pero siempre en estos caminos tortuosos por los que ha de caminar un creador, aparecen barricadas, murallas a las que hay que sortear y que llevan un mensaje de retaliación en busca de que el escritor desmaye y abandone la empresa.

No niego que muchas veces he desistido de abandonar este reto, pero entonces la imagen de Miguel Facio, ahí, en la solapa  de su libro de poesía me ilumina. Pareciera que el hombre me sonriera. Es como si yo hubiera adquirido un compromiso con él, de divulgar su obra. De instar al mundo y gritarles: «¡Hey, lean a Miguel Facio». Es como si el desaparecido escritor quisiera a través de mí revelar al mundo los cuentos de La Villa, La balada del Loco, su poesía, y cómo era este señor en vida. En una de esas fotos aparece una clínica a la que él se dedicó en cuerpo y alma. Algo habrá entonces en las almas, en el misterio de algunos literatos, no en vano se dice que el escritor es el único que llega a conocer la sensibilidad del ser humano, como Balzac, y entonces Miguel Facio esté tratando a través de sus escritos comunicarme esta premisa: «Logra que mis textos no se mueran, que el frío del olvido no socaven estos hijos míos, que perduren y trasciendan en el tiempo como un hálito que a la vez es la vida eterna de su autor».

Así que, la intención es dar a la luz  «EL ESCRITOR EN LA ALBARRADA». Una especie de estudio crítico sobre la obra del mompoxino. En mí existe toda la disponibilidad, el único enemigo es el tiempo por lo que significaría un sacrificio pues yo calculo que en seis meses concluiría el libro. Una de las cosas que estoy investigando y que me asombra en el hombre de Mompox, es su disposición para instalarse en la novela corta. Humildemente me atrevo a afirmar que Miguel Facio es un maestro y domina la técnica. Quizás es lo que él me trata de transmitir cuando releo y subrayo su obra. Como ejemplo he abordado cinco novelas cortas como El Coronel no tiene quien le escriba, El viejo y el mar, Noches Blancas, la Perla, El Extranjero, y sopesarlas con La balada del loco y conceptuar por qué Miguel Facio domina la técnica.

A continuación te presento la Propuesta para que en seis meses, ese anhelo de Miguel Facio sea una realidad. Seguro estoy que a partir de este estudio, la obra del mompoxino se reedite y el escritor olvidado cobre vigencia y permanezca eterno con nosotros,
Un abrazo,

Gilberto García Mercado.


 EL ESCRITOR EN LA ALBARRADA 

Visité al maestro Joce Daniels a principios de febrero. La tarde se había instalado en aquella mansión esplendorosa, en donde todo lo que la circunda deja establecido como un símbolo para la posteridad, que la imponente construcción no se erige sino para la literatura,  para escribir y observar allá abajo un mundo distinto al nuestro. Es lo que intenta hacer el Cacique de Talaigua Nueva desde que adquirió la mansión de dos plantas, enclavada en la calle Jorge Isaacs de El Paseo de Bolívar. Se llega a ella por una escalinata que va bordeando la mansión sin que llegue a rodearla totalmente, lo que hace es que nos aproxima al segundo piso, si podemos decirlo así, cuando lo evidente es que es de una planta, y que abajo es tan solo una muralla o cimiento ideal de describirse en un cuento o una novela de Joce Daniels.  De los escritores que conozco, quien vive por la literatura y para la literatura, el maestro Joce Daniels se halla siempre allí, en ese mundo no solo para crear sino para  estimular y formar nuevos valores sin el egoísmo visceral que es el defecto y la virtud del conglomerado de la gran ciudad.

No sé por qué tuve la rara sensación, de que esa tarde al bajar del autobús y contemplar la bandera ondeando con un gran resplandor en los tres colores patrios, iba a vivir una gran experiencia como escritor. Desde que empiné la escalinata, llegué por el esfuerzo con la respiración entrecortada pero sentí que no era por el esfuerzo sino por esa sensación de una nueva experiencia difícil de explicar. El hombre siempre vestido de blanco no lo estaba sino que, de contraluz se notaba sofocado, y la razón se justificaba pues como me lo relataría más tarde, cumplía con una labor gratificante, triste, y embarazosa. Entonces fue que me enteré, con un sorprendente entusiasmo, que el maestro a la vez que desempolvaba, libros y documentos, también recuperaba sueños y recuerdos. Trató de acomodar el cuerpo a mi irrupción no tanto sorpresiva por los perros que perezosamente, se arrellanan en la terraza, como si se hallaran en el paraíso de los perros, y balbuceó algo así, como son “los textos de Miguel Facio. Yo era su amigo personal…” 

EL MUNDO NARRATIVO

A veces es triste reconocer, sobre todo en estos caminos abiertos, y sin límites en nuestro oficio, y cuando la austeridad del enemigo, quien busca la ocasión y acaso la debilidad o nuestro talón de Aquiles, ante la pregunta del interlocutor que si hemos leído determinado libro o autor, responder con ese ego de escritor erudito: “Si, he leído a Miguel Facio. Es un escritor de prosa fresca, y poco conocido…”  Sin embargo, como me jacto de humilde y justo, acepté la derrota sobre mi poca erudición. Dije: “No, maestro, pero quisiera hacerlo”. Ante la claudicación observé que la sinceridad ante lo que no sabemos o conocemos siempre te abre las puertas de otros cielos. Porque aceptando mi desatino, y el desconocer las calidades y grandezas tanto humanas como talentosas, de Miguel Facio, hallé una fuente de la cual poder beber esa agua que al escritor ignorante bien le hace, y más cuando perdería el año en una universidad de la ciudad si se ignora quién fue el escritor de Mompox y gran político de la costa. Pese a todo lo que he expuesto, conocí al escritor de La Villa, en esos textos que el maestro Joce Daniels rescataba, no sólo por la gran camaradería con que regaban su amistad, sino por los dotes de maestro de la prosa fresca y reposada que manejaba Miguel Facio, dándole su estocada final al enemigo literario, para consagrarse como escritor bueno pero desconocido, ante quien muchos contemporáneos tendrían que quitarse el sombrero, hacer una genuflexión, y dejarlo pasar… Aclaro que, no me entusiasmaron los textos del mompoxino por la acción directa y sincera del maestro joce Daniels, quien en las dos horas de tertulia sobre el escritor olvidado, esbozaba un entusiasmo desbordante, o porque compartió tantas veces con el médico, senador varias veces, y el titular de innumerables cargos públicos, en esta casa donde llueve, truene o relampaguee, ondea la bandera patria como testigo cotidiano de las pujanzas de las letras

Allí estaba entonces Miguel Facio, quizás para el escritor ignorante, conocido o traído a colación por el apellido que hace asociarlo a Mompox, Cartagena y Bolívar. Vivo cada vez más convencido que la cofradía de escritores, se hallan signados por ese germen de la creación, en donde cada quien es un Dios en potencia, y en donde algunos desarrollan conductas irrisibles si se observan bajo la óptica del que desconoce o no lo apasiona la Literatura. Sin embargo, entre nuestra cofradía eso que me pasó la tarde en que ayudé al maestro Joce Daniels a desempacar documentos personales, del escritor Miguel Facio, cuentos, una novela y un libro de poesía, no fue ocasional sino que el mismo Dios que comparte nuestra pasión, me signó dándome aquel regalo: la obra de Miguel Facio.
Son textos que debemos rescatar, y más cuando la literatura que circula por nuestra geografía, deja mucho que desear, pero lo irónico es que se publican, cuando hay cuentos como los del momposino, y novelas y poesías que merecen ser un punto referente, y de permanente estudio de nuestro conglomerado.

Pero, ¿dónde nace la prosa fresca, limpia, y sin ninguna pretensión de irrupción, es decir de romper esquemas o de sentar escuela en la obra de Miguel Facio?  En sus cuentos, hay conductas que rayan en lo extravagante, miedos por lo desconocido pero que es una trivialidad, retratos de personajes, fiestas, animales que no conocen el amor, leyendas que dentro de la obra del escritor se convierten en leyendas de sí mismas. Hay una cuidadosa selección, y forma de narrar, y  quizás desbordante pasión del autor, porque esas leyendas de La Villa trasciendan, y fijen un derrotero en la posteridad. No en vano Miguel Facio declara: “¿Yo los sé contar? ¿Los sabré escribir?”, cuando Alonso Restrepo De León, lo conmina a retratar, a contar toda esa vivencia, que interesa no solo a Colombia sino al mundo, pues sus textos se leerían lo mismo aquí, como en París, Francia o Nueva York. Entonces un escritor modesto y humilde, debió leer con avidez a Stendhal, Fedor Dostoyoski, Chejov, Honoré de Balzac,  y todos aquellos autores que califiquen dentro de los Clásicos. Digo esto porque los textos de Miguel Facio no están comprometidos con autor alguno. Creo que lo último que leyó nuestro escritor, aunque no quiere esto decir, que no lo haya hecho fue las corrientes del Boom Latinoamericano, y esas corrientes del realismo mágico, que tanto pregona García Márquez, y que ha sido el soporte y el sustento de su obra. Porque si calificamos al autor de La Balada del Loco, como contemporáneo de los Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, Cortázar, Borges, Neruda, Gabriela Mistral. No hallaríamos un pilar o sustento para que su obra no caiga o se derrumbe. Todo lo contrario, el hombre los leyó pero sin que, cosa extraña haya permitido, que las riquezas de ese mundo de escritores fuera de serie, se hayan apoderado de su entorno. Que Lástima que nuestro autor no haya dejado una obra voluminosa, no haya explorado otros lugares, otras atmósferas, otros sueños pero con la misma modestia y humildad con que aborda los cuentos de La Villa. Si hubiera sido así, y nos hubiera regalado personajes con la obsesión de Romero en el cuento El pintor de la Flauta, en estos momentos los libros de Miguel Facio estarían en los estantes, como lectura necesaria para estudiantes, escritores, y serían quizás esos textos que, como me sucedió a mí, refirman más esta pasión de escribir a partir de novelas como La Balada del Loco o Gamonales  o El Tío Alberto. O sencillamente, “Los cuentos de Miguel Facio”…

EL MUNDO PERSONAL DE MIGUEL FACIO

La génesis creadora de Miguel Facio asombra no tanto por la frescura despojada de ribetes y un mundo poético expresado sin expresar, sino porque quien lo lee no sabe en dónde reside el encanto, acertando que la atracción  a su universo literario reside ahí, en la sola lectura de su obra. No hay que ser demasiado suspicaz, ni devanearse el cerebro para atrapar el universo cuentístico, poético y narrativo de Miguel Facio. Sin embargo, el hombre ofrece un enfoque neutral al momento de construir sus cuentos y novelas. Pareciera que el autor de El Tío Alberto y Los Gamonales, sólo fuera el puente que permite que el lector cruce, observe a derecha e izquierda, palpite, llore o se glorié con lo que el puente a través de su narración hace que se aprecie.  Es una ley en Literatura pero en Miguel Facio sus ficciones nos dejan la impresión que el autor sea una persona inmaculada, es decir que por más que desmenucemos estos o aquellos cuentos no hallaremos cómo es el personaje de carne y hueso pues, él, Miguel Facio, no deja pistas que de todo ese mundo que nos narra, él sea uno de los protagonista o para ser mas  precisos: que su mundo estuviera untado de él. Así que, si en la obra de García Márquez hay alguna alusión a un periodista, o algún pariente hace alusión a algún acto que tiene que ver con el desarrollo de una novela  o cuento, el lector menos suspicaz conoce que el aludido es García Márquez. En Miguel Facio no ocurre así, tal parece que el escritor no quisiera involucrarse en lo que narra o describe. Como si deseara mantenerse al margen, como para enseñarnos que el verdadero maestro es aquel que no permite que la nostalgia, su mundo, los sentimientos mismos se apoderen del escritor, pues la verdadera belleza en literatura corresponde en ser un puente y que quien lo atraviese tenga libertad de conocer y apreciar ese otro mundo que no conoce si no a través de su puente, Miguel Facio. Podría con la modestia que me caracteriza, y como una apreciación personal incluir a la literatura de Miguel Facio, en una corriente de escritores que comunican sus textos con la simpleza con que el mundo tiene que conocerlos, de ahí, y es lo único que logro desentrañar de la personalidad incógnita del escritor, la gran preocupación que afloraba en él, cuando“¿Yo los sé contar? ¿Los sabré escribir?”,  Alonso Restrepo De León, lo conmina a retratar, a contar toda esa vivencia, que interesa no solo a Colombia sino al mundo, pues sus textos se leerían lo mismo aquí, como en París, Francia o Nueva York.

A PROPÓSITO DE UNA NOVELA

Francisco  de la Torre y Amador es un hacendado que ha tenido una educación culta y esmerada y vive despreocupado pues dueño de varias haciendas es el prototipo del pueblo a quien todos obedecen y rinden cierta pleitesía. Vive feliz en La Villa rodeado de sus hijos legítimos y naturales. Aunque viajó por Europa y  visitó ciudades, convencido se hallaba que no serviría para doctor, mucho menos para profesor pues su vida se le iba en charlar con sus amigos, recorrer caminos y fondas, y gozar de sus caballos, sus perros y sus amores. Doña Amalia es la mujer abnegada, quien conoce pero calla las infidelidades del esposo. Es el tipo de mujer que soporta la felicidad aún sabiendo que es ficticia pero que no se atreve a desmontarla pues cree que aquellos retoños de hijos que pelean a las trompadas y que son la alegría del pueblo, esa felicidad es el precio que ella tiene que pagar…Sin embargo, esas sospechas de la mujer, esa callada pero ostentosa forma de vida en que no tiene cabida la fatalidad, se va adueñando de la familia, la va arrastrando tal vez en busca de fabular, es decir, hacerle pagar al hidalgo don Pacho (Don Francisco de la Torre y Amador)  sus faltas derivadas de su promiscuidad, y que va desbaratando con una proporción que cala en el alma y en el espíritu, y nos va pintando con la pluma de Miguel Facio, la locura que todo lo abarca y lo destruye, y va dejando de aquel bienestar concebido en el poder económico,  algo triste y que se desborda en el lector, con La Balada del Loco…

Naturalmente que a la locura no hay que dejarla sola, lo sabe Miguel Facio. Qué sería del hombre si no existiera una Cantalicia, bella mujer aunque rebelde y que devorada por la pasión del loco, se entrega como complemento para que la locura no sea omnipresente, inclusive la desafía con el poder de la abnegación. La compasión hacia el  hombre por amor…

Si dependiera de don Pacho y doña Amalia, barajar los destinos de sus hijos, Pacho y Chicho, seguro estaríamos  que en esta atmósfera pintada por la pluma de Miguel Facio, la fatalidad personificada en la locura, mal que ataca a los vástagos, no tendría una oportunidad, y el más despreciable olvido enmudecería, reafirmando aquella solidaridad por no derrumbar un presente con todos los ingredientes, de seguridad económica, juerga y gallos, mujeres y despreocupación…
La novela no habría de atrapar, gracias a su técnica narrativa y a la sutileza con que se construye, si no la retoma Miguel Facio, la unta de sus calidades, la embarca en la nave de su talento, y la da a conocer al mundo como La Balada del Loco… (Claro que es mi humilde opinión, muy personal pero no me sentiría a gusto si dijera lo contrario).
En Miguel Facio confluyen todos los elementos inherentes al buen escritor. Reitero esto lamentando profundamente que la crítica haya mantenido su obra, sepultada y olvidada, muy a pesar de ser un escritor que partió hacia el cielo de los escritores no harán cinco años, ni en Cartagena ni en Mompox se ha escrito un renglón seguido para resaltar su frescura literaria que deja muy bien parada la atmósfera, el ámbito,  la albarrada y los personajes que ya forman parte de la tradición de La Villa. Gracias a su poca producción quien se arriesgue a deambular por el universo narrativo de Miguel Facio, sentirá un placer  desquiciado al descubrir personajes como El Elbers, un barco que zarpa desde Mompox y constituye todo un espectáculo en La Villa, pero que sin que el autor lo nombre o lo describa el lector sabe que es así. Cómo olvidar entonces a Cagatinta, Chinchurria, Justicia Loca, los célebres policías del Alcalde…

Se ha dicho que el secreto de narrar está supeditado en contar bien los hechos. Por eso si uno se asoma a la ventana de lo que nos cuenta el autor, hallará que en Miguel Facio todo se va dando como por un sentido anexo, es decir un talento que va llevando al escritor sin que la obra afloje o presente baches o vacíos. No falta nada en la balada del loco. No hay que envidiar nada, eso sí el hombre logra despertarla cuando sin rodeos, con una economía de lenguaje nos cuenta La Balada del Loco, con una sincronización que solo tienen los grandes maestros. Y Miguel Facio es uno de ellos, hay que leerlo para comprobarlo…

Los personajes del escritor de la albarrada no dicen nada pero dicen mucho. Es lo que el lector observa o cree observar o imaginar. Eso es lo atractivo de convertirse en un apasionado por la narrativa de Miguel Facio. No es que don Pacho se muestre o se lea así, no, el lector se imagina al hombre que se solaza al contemplar sus haciendas y a sus hijos porque lo poco que se dice del personaje es la clave para seguir al hombre por el universo de La Villa. Y entonces solidarizarnos con la familia cuando la fatalidad, llámese locura o demencia se va apoderando de la estirpe, la va doblegando y de inmediato desbarata los sueños, un posible futuro halagüeño de sus miembros, y todavía más cuando el hado para asestar su estocada final, como digno representante  del destino se lleva hacia el valle de la muerte primero a don Pacho, y ocho días después a doña Amalia…
“Pasaron los años y un día Pacho le preguntó a Cantalicia:

--¿Por qué están doblando las campanas de San Juan de Dios, cerca de mi cuadra?
Ella respondió con voz entrecortada:

--Doblan por la muerte de don Pacho, tu padre. ¿Irás al entierro?

--No Cantalicia, yo para el mundo ya estoy muerto; para las gentes soy un loco y ya no se ocupan de mí. Ve tú a la casa, abraza a la vieja, reza, y vuelves para que te quedes a mi lado, que hoy te necesito más que nunca.

Se quedó callado, mientras gruesa lágrimas resbalaban por su rostro pálido.

Ocho días después volvieron a doblar las campanas, y Pacho se sorprendió:

--Sólo hace una semana doblaron las campanas y hoy lo hacen de nuevo en mi cuadra; ¿qué está pasando?

Cantalicia le contestó angustiada:
--La fatalidad nos ha llegado. Ahora se nos fue doña Amalia, Pacho. Tu madre no resistió la muerte del viejo. ..”

No hay duda que la maldita soledad es la compañera del escritor. Es a través de ella que han surgido grandes obras que no existirían si esa señora vestida de blanco o como la quiera cubrir el novelista, sea virgen o no, su amante o su esposa, no se hubieran enseñoreado, o posesionado de la vida del autor. Aquí habría que preguntarse: ¿qué tanta soledad experimentó Miguel Facio para escribir la reina de las novelas en donde la soledad es su bastión? Creo que nadie ha escrito una novela en donde la soledad asociada a la fatalidad, está mas retratada, más sentida, más palpada, que nos hace llorar y sentir un vacío que provoca morirse con la suerte de Pacho y Cantalicia, que en La Balada del Loco. Qué solidaridad demostraríamos si en el funesto desenlace de estos personajes de La Villa, los acompañáramos. Es lo que tratamos al pretender la reivindicación para un ser tan noble, de grandes calidades humanas como Miguel Facio...

¿Qué podríamos reiterar sobre esta novela?  Evidentemente que es una obra magistral. Que su autor conoce como pocos la técnica de la novela corta, un universo en donde todo transcurre con los elementos justos y necesarios para que la pequeña obra sobreviva, como un hijo a quien su padre educó y lo adiestró en busca de que a la muerte de aquel, La balada del Loco no muriera sino que creciera con las alegrías e idoneidad del padre escritor. Y es que al leer estas atmósferas y ámbitos de La Villa, uno queda fascinado y de inmediato en el lector aflora esa sensación de que el librito resiste no solo una lectura sino las que el Descubridor le quiera dar, y en seguida lo vincula a aquellas novelas de obligatoria consulta o necesarias al espíritu para hallarse bien.

Ya sorteado las primeras páginas el texto atrapa con las descripciones, los seis o siete fragmentos en que el humor Faciolino vitaliza al lector que en ningún momento experimentará tedio sino alborozo por seguir deleitándose con esta ambrosía narrativa. A su vez la construcción de los personajes, aquellos elementos necesarios en la trama y que posesionan al lector en La Villa, los olores, las flores, los barcos que zarpan desde y hacia Mompox, la religiosidad, la balada que se escucha dos o tres veces que es el elemento mágico sobre los que giran los argumentos y los personajes, en fin podríamos declarar a Miguel Facio como el escritor que tiene la virtud de construir una obra sobre una sencillez de prosa que sin alardear demuestra que este escritor de la albarrada estaba para grandes cosas…

EL PERRO QUE NO CONOCIÓ EL AMOR

Miguel Facio rebasa la muralla, de lo ordinario, de lo habitual. Desviste la escena que a cada instante transcurre en el mundo, y la vuelve a vestir pero ahora con los aditivos o recursos de un escritor de la albarrada, desprendiendo a aquella literatura de sus excesos y trivialidades, para apostarle a una nueva vertiente narrativa, en la que la sencillez es su carta de navegación. ¿Dónde está el valor de este cuento, apertura a un mal de siglos que, a pesar de la modernidad continúa vigente cuando, identificado el problema, debería erradicarse para el bien de la Humanidad?  Caperuza no conoce el amor por no estar incluido en una sociedad con espacios para poder actuar en él. Rechazado por su pobreza, el perro logra un reconocimiento a través de Káiser, que representa el poder, la belleza y el linaje y la educación vedados para Caperuza. Lo especial de este cuento está en que el autor nos coloca al perro sin “clase”, a quien la sociedad  rechaza, y, en seguida lo contrapone al perro alemán, la quimera de una clase superior. “Todas las perras se morían por ver al perro con pedigrí. Y no se quedó ninguna sin desfilar frente la muralla donde acostumbraba descansar Káiser”, nos narra Miguel Facio, “Fue ese el tiempo en que las perras de La Villa se alborotaron y todas querían tener cachorritos del perro extranjero” Recuperar ese espacio en la figura de un perro sarnoso, poca cosa, es decir, gracias a su gallardía y sacrificio que le devuelven la confianza y la amistad de aquellos que lo rechazan e ignoran. Gran compromiso de nuestro escritor “!Nada¡ ¡Ustedes no son mis amigos, ni nadie me importa un carajo¡ ¡Ustedes son unos cobardes¡ ¡Esto lo hago porque me da la gana¡ Son vainas de la vida…”, agrega Caperuza cuando se da cuenta que la aceptación o su reconocimiento en la manada está supeditado a su propio sacrificio.. Quien lea este cuento se sentirá compenetrado desde la primera página, y en seguida se enfrentará a la confrontación misma con el ser, y jamás deseará abandonar su lectura... Con ese estilo faciolino, nos pellizca para que entendamos de una vez y por todas que como seres vivos tenemos los mismos derechos e igualdades dentro de una sociedad o conglomerado. ¿Qué pasaría entonces si se invirtieran los papeles? ¿Sí Káiser fuera Caperuza y Caperuza Káiser? Entonces ambos conocerían o no, el amor. Al final al lector se le abren abanicos de interpretaciones, reflexiones en la que la valentía y el sacrificio, son la muerte del perro miserable, la  derrota  de la indiferencia, la aceptación de Princesita, por la que Caperuza chorrea la baba, ese sacrificio que le devolverá un beso de la perra anhelada. Pero ya es demasiado tarde, el sacrificio se halla consumado.

LIBRO SOBRE LA OBRA DE MIGUEL FACIO LINCE EN PREPARACIÓN.
*Hija del escritor
gilgarme@yahoo.com es el email donde corregimos novelas, cuentos y emitimos conceptos del consejo de redacción.
EL CLAN DE LOS ALUCINADOS
CARTAGENA DE INDIAS, BOSTON EL PUEBLITO. No. 44C- 40. TEL. 6743584. CEL. 3172929483. No dudes, alucina...


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