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viernes, 5 de junio de 2015

 ¡Ojeaba el periódico y Óscar  Collazos, no estaba...!
                 Por Juan V Gutiérrez Magallanes 
En la mañana del sábado 28 de marzo, me quedé esperando que se mutara el escrito que aparecía en el lugar correspondiente a Óscar Collazos, para poder de nuevo  leerlo. ¡Pero no estaba! 
Ojeaba El Universal con la esperanza de que los escritos se transformaran y apareciera «Sal y Pimienta». 
Quedé absorto pensando en la negación de todo lo referente al estado patológico de la llamada ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica). 
Leí su último artículo del sábado 21 de marzo, «El Doble», en el que hace referencia a su parecido con el acordeonero Alfredo Gutiérrez, y por esas cosas que Manuel Zapata Olivella llamaba Fiesta de Casualidades, recordé  el parecido guardando las proporciones, en ese otro doble que yo quería ver entre Óscar Collazos y el gran  periodista Julián Devis Echandía(f), quien escrutaba la ciudad y la describía sin ambages ni hipocresía como en su obra «La Ciudad Vencida», escrita en  1937, en la que llega a definir a la Cartagena de ese entonces como, «la ciudad que vive  del contrabando, de la usura, del juego, de la prostitución, del prevaricato y del crimen». 
Óscar Collazos, en «Sal y Pimienta» de los sábado en El Universal, aplicaba los ojos de Argos, para mirar los descalabros de una ciudad que a cada instante es esquilmada sin ninguna consideración, donde se inician obras y quedan inconclusas por manejos dudosos en el presupuesto, y una muestra dolorosa y palpable es el «Caso Piratas De Transcaribe». 
Pobre Cartagena. Los veedores como Óscar deben multiplicarse para ser los vigías insomnes que defiendan el bienestar de la ciudad. 
Con el pasar de los días, Óscar Collazos moriría en Bogotá desapareciendo el índice señalador de «entuertos» que nublaban a la ciudad de los crustáceos. 
                    A Óscar

Se atrevía  interrumpir la inmovilidad
Incomodaba el silencio a los gallinazos
Se agregaba a  voces de alcatraces
Tocaba rústicas piedras de muralla
Dejando escapar el grito escondido
De los últimos esclavizados

Era voz de silencio
Se detenía y  contemplaba el diálogo
Entre  las aguas  y la indiferencia
De los otros cartageneros

Imprimió en el escudo su voz
De mares convertidos
En tambor percusivo del justo

Amaba la ciudad  la cargaba en su regazo
La escrutaba  en el catálogo de sus males
Y buscaba tejer túnicas sanatorias
Ennobleciendo las relaciones entre ciudadanos

Collazos era un  ocelo mutado de Argos Panoptes
Miraba las punzantes  paradojas de la Urbe
Se ensangrentaba el dedo de escribiente
Por el pesar originado por los buitres

Sus  textos acompañaban el Lumbalú
Celebrado por la muerte lenta
De los Cuerpos de Agua…


Juan V Gutiérrez Magallanes, Escritor



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